El picor, prurito, picazón, desazón, sinónimos de una sensación irritante que hace que sientas ganas de rascarte.
Cuando aparecen, en el cuerpo y/o en el cuero cabelludo es síntoma de que la piel está pasando por un proceso de alteración y para controlarlo debemos averiguar que está pasando.
No olvidemos que la piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo, nos cubre y protege por completo.
Son múltiples los factores que pueden provocar picor en el cuero cabelludo, cuando viene acompañado de células muertas, caspa, granitos, exceso de grasa o cualquier otro síntoma visible, es más fácil detectarlo y diagnosticar el tratamiento.
Cuando no hay síntomas visibles, aunque parezca difícil de saber el motivo, siempre hay una explicación.
Posibles motivos que los provocan:
En el cuero cabelludo la sensación de sequedad, tirantez, dermatitis seborreica, eccemas, psoriasis, queratosis, etc, suelen ser provocados por posibles alergias y/o reacciones de contacto a productos con ingredientes muy agresivos y tóxicos.
En el resto del cuerpo, hay que añadir los detergentes y productos de limpieza que suelen ser los causantes de esta reacción. Sin olvidar la exposición ambiental, centros comerciales con ambientes cargados… incluso nuestro hogar, ambientadores / perfumes, que de manera invisible aumentan estos síntomas sintiendo ese picor en las mucosas, nariz y ojos.
Otros motivos son: la alteración hormonal (la menopausia agudiza la sequedad) unido a la pérdida de colágeno, elastina y el aumento de la sudoración, los trastornos vasculares / circulatorios y las medicaciones crónicas que pueden dar esa sensación de sensibilidad e irritación en sus contraindicaciones.
Mantener una alimentación inflamatoria con niveles altos de histamina es otro de los motivos que puede provocarnos picores.
Sin olvidarnos que los cambios de estación, el estrés y las emociones, también nos alteran provocando ese picor invisible tan irritante.
Dicho esto, todo picor es una llamada de atención de nuestro cuerpo avisando que algo no está bien y tenemos que buscarle la solución revisando y mejorando nuestros hábitos diarios.
Algunos consejos:
Solicita un diagnostico profesional para reconocer y valorar los posibles motivos que lo provocan.
Evita productos con ingredientes sintéticos y sulfatos agresivos.
Evita azucares y procesados.
Conoce si algún tratamiento o medicación tiene efectos secundarios capilares y aporta dicha información a tu profesional de confianza.
Incorpora un filtro de ducha para eliminar los metales pesados del agua y controlar la temperatura no muy caliente en el lavado y ligeramente fría en el último aclarado.